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Lula para rato

Dicen que son las elecciones más importantes que vivirá el continente americano en muchos años. Yo no lo creo. Eso es darle al Brasil una relevancia inmerecida y que ni los mismos brasileños se dan. Lo serían si tuviera impacto inevitable y contundente en todos los países del continente e incluso más allá de los océanos. Pero no es así. La democracia brasileña, como ocurre en casi todos los países de nuestro subcontinente, con honrosas y notables excepciones, es endeble. Aquí, por estas latitudes importa más el poder que la autoridad. Aquí se seduce a los pueblos, pero luego se los irrespeta.

Baste ver la crisis que ocurre mientras escribo estas líneas en Ecuador, un país que en los últimos 14 años ha tenido 8 presidentes, de los cuales 3 han sido derrocados. Varios de los presidentes actuales latinoamericanos trabajan bajo el esquema de polarización, dividiendo, generando distanciamientos y odios. Y nuestros sistemas políticos hacen que la figura presidencial sea el eje de todo, poniendo incluso a las otras instituciones del estado en situación de minusvalía, lo cual hace que por mucha cultura democrática que hayan aprendido los pueblos, éstos ven con asombro cómo ellos son democráticos mientras quienes están en el poder lo son cada vez menos. Es triste decirlo, pero buena parte de los presidentes latinoamericanos en ejercicio son manipuladores de las emociones y distan mucho de ser lo que tanto necesitamos, a saber, estadistas.

Sí, es cierto, Brasil es el gigante económico de Latinoamérica, más o menos a la misma altura de México. Pero, con el perdón de mis muchos amigos brasileños, a quienes adoro con pasión, todo lo que de gigante tiene Brasil en términos de economía, lo carece el gobierno de Lula en lo que a altura moral se refiere, tal como muy atinadamente apuntó Moisés Naím en Cartagena de Indias en un encuentro del World Economic Forum.

No me gusta Dilma. Creo que va a meter en problemas al continente. Es, a juzgar por su trayectoria y discurso, una radical. Y de radicales de unas u otras coordenadas políticas estamos hasta el remoño. Son todos igualitos, cortados por la misma tijera. Han empapado a la historia de discursos infelices cargados de palabrería inservible y que no le ha producido a los pueblos lo que ellos, los pueblos, quieren y necesitan: progreso social. En un mitin no recuerdo dónde, Dilma se plantó y habló cual heroína, con fanfarrias y todo. Uf, qué aburrimiento. Otra que se cree salvadora y redentora. Una más para la ristra de pseudo próceres del siglo XXI.

Pero tengo el presentimiento, casi hasta la certeza, que Dilma va a ser elegida, y para colmo en primera vuelta.

Si Dilma actúa como Lula, bueno, ya lo sabemos; primero vendrán los intereses y luego, a la cola, los principios. Se caerá a besos y abrazos con cualquiera que le produzca beneficios contantes y sonantes a la economía brasileña. Poco importarán los presos políticos regados por las inmundas cárceles del continente, ni los pagos bajo la mesa que son la corrupción que cunde en las negociaciones nacionales e internacionales. Dilma se hará la loca, como lo hizo Lula. No le irá mal a Brasil, eso es cierto, aunque podría irle mucho mejor con un gobierno que además de saber hacer negocios pueda exhibir un poco más de solvencia ética.

Pero Dilma no es Lula. No tiene su encanto y no es en lo absoluto carismática. Es más bien gris, opaca, insípida, aunque los genios del marketing político le hayan cambiado el vestuario en un meticuloso "fashion emergency" y la hayan convencido que andar ultra maquillada, más pintada que una puerta, como Cristina K. sea "buenísimo" y "sexy".

Dilma sin Lula es poco más o menos un cero a la izquierda, lo cual me hace pensar que quien realmente gobernará tras bastidores será Lula. Es decir, hay Lula para rato.

smorillobelloso@gmail.com
Concejal El Hatillo - UNT

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