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Son los más influyentes en Internet... pero no tienen un duro


La llegada de Internet ha supuesto una revolución no sólo tecnológica y social, sino también jerárquica. La influencia y el poder, antes en manos de los que tenían los medios -económicos o de otro tipo- para imponerse a los demás y hacerse notar, ahora es mucho más democrática que nunca. Internet nos ha traído un nuevo paradigma con nuevos protagonistas: blogueros, especialistas en tecnología, periodistas rasos... Los líderes de opinión en la red ahora son otros. Pero, ¿cómo les va la vida más allá de su poder de influencia?

Hay auténticos líderes que han conseguido vivir -y muy bien- gracias a sus habilidades en profesiones y necesidades recientes: community managers, consultores tecnológicos, expertos en comunicación 2.0, asesores políticos...Muchos de ellos han conseguido agenciarse una alta rentabilidad económica merced a su talento y a su dominio de unas destrezas cada vez más necesarias en el nuevo paradigma.

Pero no a todos les sonríe la suerte de la misma manera. Desde El Confidencial hemos contactado con tres proclamados expertos a los que no les va tan bien en el aspecto económico. Tienen decenas de miles de followersen Twitter, ejercen de gurús en sus blogs, les llaman para debates, les entrevistan en todos los medios sobre la relevancia de las nuevas tecnologías... pero, ¿cómo les va en la vida offline?

Un community manager que cobra 950 euros al mes

Julián tiene 32 años, es periodista y ha pasado varios años trabajando en grandes medios de comunicación. De forma paralela, siempre fue un apasionado de Internet. Hace cuatro años conoció una figura nueva que empezaba a surgir en Estados Unidos: el community manager. “Me apasionaba. Se trataba de una persona, generalmente periodista, que se encargaba de gestionar la reputación de su medio o su empresa en Internet: redes sociales, blogs, foros... Me encantaba ver cómo cambiaba el paradigma. Estábamos pasando de una comunicación unidireccional a otra bidireccional, en la que la empresa no sólo habla, sino que también escucha y conversa”. Julián fue uno de los que introdujeron la figura del community manager en España, y es considerado un auténtico líder y referente en nuestro país. No en vano, tiene más de 40.000 seguidores en Twitter, y más de 5.000 amigos en Facebook. Ahora mismo trabaja como dircom (director de comunicación) ycommunity manager en una empresa que en sus tres años de vida se ha convertido en referencia de la comunicación 2.0 de nuestro país.

Cualquiera podría pensar que Julián, además de una persona de éxito (que lo es), vivirá muy bien económicamente. “Ojalá. Cobro 950 euros mensuales. Me puedo permitir un piso porque vivo con mi chica y ella gana bastante más como arquitecta. Pero no vivo como aparenta mi profesión. Mucha gente se piensa que los community managers cobramos un pastón, y de hecho hay algunos que lo han conseguido, pero sólo los de las grandes empresas, las de toda la vida”. Por desgracia, parece que Julián no tiene tan claro el cambio de paradigma: “Está claro que los modelos de comunicación han cambiado, y ahora están cobrando mucha importancia empresas que antes no conocería nadie, pero el aumento de importancia y de influencia no tiene nada que ver con el dinero. Aquí siguen mandando los de siempre. En mi empresa valoran muchísimo mi trabajo, y son conscientes del valor que les genero, pero eso no significa que haya más dinero. El valor, por desgracia, no siempre se puede monetizar”.

Una experta en marketing... que está en paro

Blanca acabó hace nueve años sus estudios de Marketing, y en su cuenta de Twitter se define como “experta en marketing y soluciones 2.0. Consultora tecnológica”. Tiene un blog con más de 100.000 visitas mensuales en el que escribe casi a diario sobre publicidad, campañas de marketing exitosas en el ámbito 2.0, comunicación bidireccional de las empresas... También lleva por bandera un nombre comercial, y todo el mundo da por hecho que ésa es la empresa a través de la que canaliza y factura sus éxitos como asesora y experta en marketing. Pero su situación offline es bien distinta: “Estoy en paro desde hace bastante tiempo. El nombre comercial que uso es eso, un nombre comercial, pero no hay una empresa constituida. He logrado construir mi marca personal, pero no tengo trabajo. La gente lee mi blog, me pregunta, me consulta dudas... pero a la hora de la verdad, no tengo clientes. Me hice autónoma y lo tuve que dejar a los tres meses”. Sus padres -con los que vive- ven el mundo de forma muy distinta: “Mi madre me dice que mis followers no me van a dar de comer, y en cierto modo tiene razón. Quiero pensar que estoy así por la crisis, ya que antes tenía trabajo sin problemas, pero cada vez me arrepiento más del día en que, animada, dejé mi puesto de trabajo para labrarme un futuro que prometía ser exitoso”. ¿Sus expectativas a día de hoy? “Me estoy preparando unas oposiciones”.

Un periodista que ha construido un digital de calidad... que no es rentable

Alejandro tiene 28 años, y tras un par de años trabajando en un digital que cerró, optó por montar un diario hiperlocal, con informaciones muy cercanas y relativas a su pequeño municipio. Pronto amplió el proyecto y lo exportó incluso a otros barrios, creando una red de varios periódicos digitales. Contenidos cercanos, de calidad, alejados de los políticos y centrados en los ciudadanos. Una apuesta de innegable calidad que le ha valido más de 100.000 visitas mensuales y el reconocimiento de toda la profesión. No obstante, el bolsillo pinta de forma distinta: “Ahora mismo el periódico lo estamos sacando por amor al arte. No hay publicidad, ni en los pequeños negocios ni en los grandes. Hemos conseguido editar una red de periódicos digitales de altísima calidad, pero no conseguimos hacerlos rentables. Apenas me saco 100 eurillos mensuales”. El talento periodístico de Alejandro está fuera de toda duda, ya que da conferencias con cierta frecuencia e incluso los grandes grupos editoriales le llaman para que les forme. Pero sigue sin ser suficiente: “Casi nadie paga ya las conferencias. Los únicos ingresos que me saco vienen de las charlas de formación que doy a veces en masters de periodismo digital, o en charlas a directivos de empresas editoriales, y con eso no llego ni a los 500 euros. Al final pasa lo de siempre: la innovación se ha democratizado, pero el dinero lo siguen teniendo los de siempre”.

Nuestros tres protagonistas no quieren ser fatalistas, ni animan a nadie a caer en el pesimismo: “Se puede vivir de Internet, de eso no cabe duda, y ya se ha demostrado que se puede, hay mucha gente que lo hace. Pero ya decíaAntonio Machado que no hay que confundir valor con precio: puedes generar un valor tremendo, pero ese valor no siempre se puede rentabilizar económicamente”, asegura Blanca; “Además, nadie dice que el poder o la influencia tengan que ir asociados al dinero. Lo maravilloso de Internet es que cualquiera puede medrar y ser influyente aunque no tenga dinero, cosa que antes no pasaba”. Julián es más pesimista y se atreve a hablar de burbuja: “Estamos en un momento de burbuja 2.0. No es tan grave como la burbuja de las puntocom de hace varios años, pero es significativa. Ahora mismo es muy difícil rentabilizar proyectos en Internet. Hay empresas que están mostrando a todo el mundo su éxito de visitas, usuarios, proyectos... pero la ecuación económica no está tan clara. Mi empresa, mismamente, se ha metido en una serie de inversiones, de deudas y de préstamos que veremos si puede afrontar”.

“No invitamos al pesimismo, pero sí al realismo”, nos dice Alejandro. “No todo el mundo está como nosotros, hay mucha gente que ha conseguido vivir muy bien de su trabajo. Pero creo que somos representativos”. Sí que deja entrever algo de melancolía: “Es una pena, porque yo no creo que haya burbuja ni que seamos unos impostores 2.0, pero la realidad es que en España hay mucha gente con muchísimo talento, que está preparada para entrar y desenvolverse en estos nuevos paradigmas, pero esto no acaba de arrancar. Si quieres vivir bien tienes que seguir estando en las grandes empresas, en las que siempre han tenido el dinero. Y prefiero ser pobre antes que trabajar para empresas que chantajean a políticos o que comercian con los datos de sus usuarios”.

Y ante esto, ¿qué cabe hacer? Blanca sigue siendo optimista: “Lo bueno de Internet es que nos ha permitido a muchos salir del anonimato. Ya no somos obreros ni trabajadores anónimos, somos personas con nombres y apellidos. Lo esencial es que, aunque ahora mismo lo estemos pasando muy mal, sigamos como hasta ahora”.

“Sobre todo es importantísimo seguir cuidando nuestra marca”, asegura Alejandro: “ahora mismo cada persona cultiva su propia marca personal en Internet, y estoy convencido de que esa marca antes o después nos dará trabajo”. Julián incide en lo mismo: “Ya no valen las grandes marcas, sino las de cada persona. Tenemos que seguir cuidando y vendiendo nuestra marca personal para conseguir trabajo algún día”.

Todos coinciden en la importancia de seguir vendiéndose al público como personas válidas, aunque muchos de ellos no tengan un duro. La importancia de la marca personal es innegable. “Por eso los tres te hemos pedido que en el reportaje no pongas nuestros nombres reales”.

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