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La izquierda norteamericana

Uno de los errores cometidos al definir la izquierda norteamericana es equiparar Demócratas y Republicanos con los partidos europeos

La izquierda de EEUU se traduce en organizaciones no gubernamentales, activistas y pensadores que buscan influir al partido demócrata

Obama puede sufrir una derrota importante en noviembre por el enfado de la izquierda

 

Al hablar de la izquierda política norteamericana nos vienen a la mente nombres como Michael Moore o Noam Chomsky. Aunque podamos encontrar figuras similares en Europa, es inevitable preguntarse qué influencia tienen Moore o Chomsky para contagiar a los políticos norteamericanos desde fuera de la maquinaria gubernamental.
obama socialista
Durante el debate de la reforma sanitaria posters como éste empezaron a circular por Los Ángeles. Foto: Dopey en Flickr
Uno de los errores cometidos al definir la izquierda norteamericana -ya sea en forma de partido político o de activistas- radica en comparar a Demócratas y Republicanos con la izquierda y derecha españolas o europeas. El otro es comparar al mismo nivel los sistemas parlamentarios de ambas democracias, que en realidad guardan bastante distancia.
“Una de las diferencias más importantes con respecto al concepto europeo es que aquí partimos de una democracia bipartidista. Esto obliga a los partidos a incluir muchas ideologías y muy diversas bajo su cabecera“, explica Leonard Steinhorn, director del Departamento de Comunicación Política de American University. El resultado es que algunos republicanos liberales pueden estar más a la izquierda que los Demócratas más moderados en determinados temas.
Y es dentro del partido demócrata donde se encuentran las ideologías que podemos clasificar como ‘de izquierdas’. Pero no se puede hablar de una izquierda homogénea. Los Demócratas incluyen desde los sindicatos hasta las facciones contra la guerra, defensores de justicia social, los favorables a los derechos de los homosexuales, los feministas e incluso la izquierda verde. “Esto implica que en determinados asuntos, los sindicatos pueden estar de acuerdo con los feministas, pero se enfrentan en cuestiones de matrimonio homosexual”, explica Steinhorn.
Según el experto en teoría política estadounidense, el sistema bipartidista y la necesidad que tienen los partidos de acoger tanta diversidad, deja fuera de sus filas a la izquierda activista, convertida en organizaciones no gubernamentales y lobbies que abogan por derechos sociales. Un ejemplo reciente son los casos de torturas durante interrogatorios a presos de Guantánamo. No fue el partido demócrata quien inició la investigación sino el Sindicato por las Libertades Civiles Americanas, al pedir que se desclasificaran los documentos relacionados.

Derechos individuales, derechos sociales

El acceso de los ciudadanos a ayudas sociales que parte de Europa defiende mediante leyes, acaba dependiendo de ONG’s respaldadas con financiación privada. Desde clínicas para los que tienen menos recursos hasta ferias de salud o programas de voluntarios para apoyar en las escuelas. El activismo queda en manos de estas organizaciones. Ellos coordinan manifestaciones, actos de protesta y discursos para luchar por un determinado cambio de política.
El activismo se convierte así en uno de los recursos para influir en las decisiones de los Demócratas, ya estén en el poder o en la oposición. El otro modo de actuación son los lobbies, think tanks y expertos legales que, con sus estudios y publicaciones, tratan de acercar las posturas del partido demócrata y la administración a sus objetivos.
“Son ellos los que trabajan en representación de los ciudadanos. Esa es la otra capa de acción política de la izquierda, pero no quiere decir que todos los grupos estén de acuerdo, el partido político también necesita construir esa coalición sólida dentro de sí mismo”, indica Steinhorn.
AP Photo
Un ejemplo fue el proyecto presentado por la organización Campaign for America’s Future para crear un sistema de sanidad pública. “Es nuestro trabajo más famoso porque hasta tres legisladores Demócratas lo respaldaron en su campaña electoral”, explica orgulloso Eric Lotke, uno de sus responsables. Obama lo incluyó en su programa político. Pero ya en la Casa Blanca tuvo que convencer al resto de los Demócratas de que era una buena idea. No lo consiguió y la opción pública ya es historia.
La estrategia de estos grupos consiste en elaborar la legislación y después acercarse a las oficinas de los senadores y congresistas para convencerles de que las patrocinen. Cuando uno de los legisladores está convencido, introduce la propuesta de ley en la Cámara de Representantes y ahí empieza la negociación con el resto del partido y la oposición. Grupos como la Organización por el Futuro de América llegan a elaborar desde comunicados hasta diferentes versiones de la legislación para que los políticos las publiquen en sus blogs o compartan con otros miembros del partido. Es el lobbying, producto típico de la política estadounidense. Y no sólo para apoyar aumentos en el gasto de defensa o las guerras. El año pasado la reforma de salud batió récords con ocho empleados de lobbies por cada legislador en el Congreso, según el Center for Public Integrity. Hasta 4.525 personas, contratadas por organizaciones, hospitales o compañías aseguradoras, trabajaron con el único propósito de influir en el voto de los políticos.

El enfado de la izquierda

Según Lotke, la izquierda norteamericana ha sabido mejorar su influencia en el debate político con los Demócratas durante los últimos años. La culminación de este trabajo viviría sus mejores días con la victoria de Obama, aunque no ha podido consolidarse una vez que llegó a la Casa Blanca.
“La izquierda está triunfando en cierta manera, pero no han sabido aprovechar el momento. Los Demócratas consiguieron el Congreso en 2006 y la presidencia en 2008, aunque parece que abandonaron después de todo el debate”, explica Lotke. Steinhorn coincide en que el modo de actuar de Obama desde el primer día puede pasar factura al partido demócrata. Porque la izquierda está enfadada. Obama se empeñó en que el diálogo y el bipartidismo marcara su presidencia. Quizás para presionar a los Republicanos, quizás para enfatizar su voluntad de hacer políticas para todos los ciudadanos, Obama quiso negociar todas sus decisiones con la oposición. Ha encargado colaboraciones con la Casa Blanca y en el congreso. Desde la reforma sanitaria a la de Wall Street. Y la izquierda siente que ha cedido.
Obama comunista
"Socialista equivale a comunista en EEUU, es el que controla los medios de producción", explica Lotke. Foto: Petervidrine en Flickr.
“Obama quería que todo fuera bipartidista gracias a acuerdos entre los dos partidos, pero así los Republicanos pueden arruinar todo. Lo único que tienen que hacer es decir que algo no les gusta”, lamenta Lotke. El investigador opina que el presidente está poniendo en bandeja a los Republicanos que le hagan fallar a él. “Los votantes estan frustrados porque quieren que deje de hacer concesiones a la oposición”.
Uno de los problemas a los que se ha enfrentado Obama, como cualquier defensor de las políticas sociales en Estados Unidos, es que la Constitución reconoce derechos individuales, pero no sociales. Y el tribunal supremo tampoco ha llegado a hacerlo. Ampliar ese reconocimiento supone en la práctica extender el poder del gobierno sobre los ciudadanos, algo casi imposible. Cualquier intento, como la reforma de salud, acaba siendo tildado de socialista. “Históricamente los americanos hemos sido muy escépticos con la autoridad central, siempre desde la declaración de Independencia. Lo llevamos en el ADN”, comenta Lotke.
Se trata de la política norteamericana, de su idea de gobierno y de su propia historia reciente. El pueblo estadounidense sabe que hacen falta desde escuelas hasta cuidados médicos para todos los ciudadanos, pero la historia ha configurado cómo quieren lograrlo. Lotke explica que Ronald Reagan simbolizó la victoria de los que querían limitar el control del gobierno. Aunque sería Nixon el que convirtiera las sospechas del poder del gobierno en auténtica hostilidad hacia él. Según Lotke, es lo mismo que hacen ahora los Republicanos.
Ante la dificultad de trabajar los cambios desde dentro, la izquierda de los investigadores, expertos legales y activistas miran al presidente esperando que llegue el verdadero cambio. “Lo que Obama dijo durante la campaña es que el gobierno puede hacer las cosas bien, pero se necesitan puentes. (…) Nosotros nos organizarnos independientemente e intentamos que la Administración haga lo que queremos”, reflexiona Lotke, consciente de que a la izquierda no le queda mucha paciencia.
Steinhorn vaticina que ese enfado puede costar a los Demócratas un precio muy alto en noviembre. Si pierden la mayoría en el Senado, Obama tendrá todavía más difícil su trabajo. “El problema para los Demócratas es que aunque el núcleo del partido sea liberal, no puede mantenerse fuerte si no incluye a todo el mundo, así que si la izquierda se enfada de verdad y no vota, constituye una amenaza”. Una situación similar, según Steinhorn, provocó que muchos Demócratas votaran en 2000 a Ralph Nader, un independiente. Bush acabó en la Casa Blanca.
“En una situación de frustración mutua, la izquierda va a buscar a su alrededor cuáles son los recursos para satisfacer lo que necesita. Muchos pensarán que la solución es quedarse en casa en noviembre y no votar, trabajar más hasta la próxima oportunidad, argumenta Steinhorn. ”La izquierda también podría decidir que quieren ceder terreno a los Republicanos para hacer una oposición más clara”.
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