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El giro de Lula: de estadista a virtual puntero

Con críticas a la prensa y un altísimo perfil, el mandatario se ha involucrado de lleno en la campaña para impulsar a Dilma.

RIO DE JANEIRO.- Cuando faltan apenas unos días para las elecciones en Brasil, quien acapara casi toda la atención es el presidente Luiz Inacio Lula da Silva, que tras lanzar duras críticas a la prensa encara este tramo final exhibiendo un altísimo perfil, agitado por encendidos discursos para asegurarse de que su abanderada, Dilma Rousseff, gane en primera vuelta.

Cuando las últimas encuestas muestran una leve caída en el apoyo a la candidata del Partido de los Trabajadores (PT), el popular mandatario ha optado por inyectar toda su energía en la campaña con una retórica radicalizada. Su perfil es tan elevado que ya ha participado de más actos políticos que los que tuvo durante su propia campaña por la reelección, en 2006.

"Pueden decir que me arrestaron, que era huelguista, radical. Tengo el orgullo de haber aprendido con el radicalismo de los años 70, 80 y 90 para convertirme en este dirigente político maduro", resaltó anteanoche, en el masivo cierre de la campaña de Dilma en San Pablo.

Hoy volverá a acompañar a su "delfina" en un acto en Aracaju, y mañana, cuando Dilma participe del decisivo debate final en Red Globo, él encabezará otra manifestación de apoyo en la mayor ciudad del país. El viernes y el sábado, cuando la ley electoral ya prohíbe los actos políticos, tiene pensado protagonizar dos caminatas "silenciosas" en el cordón industrial de San Pablo.

"Decidió dejar completamente de lado su imagen de estadista mundial para asumir su papel de líder partidario y convertirse en el principal puntero electoral. Es un regreso a sus años de sindicalista, que él siempre dice que fueron su gran escuela para moverse en política", dijo a LA NACION el experto en imagen y marketing político Carlos Manhanelli, presidente de la Asociación Brasileña de Consultores Políticos.

En las últimas semanas, con la revelación de varios escándalos políticos que involucraron a su jefa de Gabinete, Erenice Guerra, mano derecha de Dilma cuando ella ocupaba ese mismo cargo, Lula se irritó y empezó a lanzar contundentes críticas a los medios de comunicación que destaparon el tráfico de influencias.

Desde el PT fueron aún más lejos y advirtieron que un "golpismo mediático" intentaba descarrilar el camino al triunfo en primera vuelta de Dilma. De repente, la campaña adquirió dramatismo y del otro lado los diarios y revistas acusados contestaron con contundentes editoriales en defensa de la libertad de expresión.

O Estado de S. Paulo , por su parte, asumió públicamente su preferencia por el candidato opositor José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

"La retórica en general se ha caldeado y ahora hay gran polarización. Por un lado tenemos al presidente, al que se le despertó el líder sindicalista enfurecido que quiere llevarse el mundo por delante, y por el otro no faltan los exagerados que afirman que la democracia está en peligro. Pero criticar y recibir críticas es parte de la democracia. No estamos en una situación como la de Venezuela; acá el régimen no está en duda", apuntó el analista Claudio Couto, de la Fundación Getulio Vargas.

Lo cierto es que es la primera vez en la historia de Brasil que un presidente se ha involucrado tanto en la campaña, metiéndose de lleno, muy expresivamente, en el proceso para elegir a su sucesor. También es verdad que nunca antes hubo un mandatario saliente con una popularidad tan alta, del 80%.

Demostración de fuerza

"El PT tiene un proyecto de poder para continuar al mando del país y Lula está totalmente empeñado en conseguir la victoria de Dilma en la primera vuelta, porque eso tendría un efecto político inmediato en el país, sería una gran demostración de fuerza", destacó a LA NACION el ex diplomático Rubens Barbosa, ahora al frente de una consultora.

Para el ex embajador en Estados Unidos, si se requiere una segunda vuelta, el PT quedará debilitado y Dilma asumirá con un peso menor, que dificultará más sus primeras acciones de gobierno.

Así, en esta apuesta por ganar en primera vuelta, el presidente ha decidido poner sobre la mesa todo su prestigio, mientras por el otro lado preserva la imagen de Dilma del fuego enemigo. Se la presenta como una política cauta y moderada, o, de acuerdo con los avisos de esta semana, como una madre de los pobres y los oprimidos, con el mensaje "Dilminha paz y amor", que evoca la campaña de Lula en 2002. Tienen un doble juego en el que a cada uno le corresponde un papel. Frente a esto, la oposición ha quedado desorientada.

"El PT consiguió implantar un ambiente plebiscitario y no de campaña electoral. El PSDB se acomodó a esa situación impuesta, no supo reaccionar y modificar el ambiente. Ahora lo que está en juego en la cabeza de la gente es el gobierno de Lula, y no el rumbo a seguir para los próximos cuatro años", señaló Manhanelli.

A ninguno de los analistas consultados lo sorprendería ahora que hasta el mismo día de los comicios Lula se las ingenie para pedir votos para Dilma. Después de todo, como demostró en mayo y junio, cuando hizo campaña anticipada en varios eventos, no les tiene miedo a las multas del Tribunal Superior Electoral.

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