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Espionaje en Brasil: analistas consideraron que la candidata de Lula no sintió aún el impacto

El escándalo de espionaje político que denunció el principal candidato opositor a la Presidencia de Brasil, José Serra, promete instalarse en la campaña con nuevas revelaciones, pero, según analistas, la oficialista Dilma Rousseff aún no sintió el impacto y mantiene intacta la perspectiva de un cómodo triunfo en la primera vuelta.
 Agencia Télam.

Ignacio Ortiz, enviado especial

La quiebra del secreto fiscal de Verónica Serra, la hija del candidato, volvió ayer a las tapas de los diarios y sobre todo a los espacios gratuitos de los tucanos –denominación con que se conoce a los miembros del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB)- en la televisión, en un intento de agitar la campaña para revertir las encuestas de intención de voto que lo ubican como mínimo 20 puntos debajo de Rousseff.

Mientras se reveló que el vicepresidente del PSDB, Eduardo Jorge, sufrió 22 visitas en su cuenta fiscal secreta durante 2009 con intenciones no aclaradas -10 de ellas el mismo día, en Belo Horizonte-, el partido opositor anunció que pedirá al Ministerio Público la investigación judicial de la quiebra del secreto fiscal y pedirá el alejamiento de las autoridades federales involucradas que deben realizar la investigación.

A pesar del clima electoral que hace recordar a elecciones pasadas también matizadas por acusaciones y denuncias judiciales, para Ricardo Guedes, director de la consultora Sensus “una de las mayores encuestadoras del país- se trata de "una elección técnicamente definida” que se resolverá "en primera vuelta”, tal como reafirmaron los sondeos difundidos en las últimas horas.

Guedes, en diálogo con Télam, relativizó el peso que pueda alcanzar la denuncia por espionaje contra el gobernante Partido de los Trabajadores (PT) y el equipo de campaña de Rousseff por entender que el electorado en esta oportunidad se mueve por los indicadores de la economía y su repercusión en el nivel de vida de la gente.

"Lo que importa es la economía, en la cual el PBI pasó de 500.000 millones de dólares en 2002 a 1,5 billón en 2009; el salario mínimo de un trabajador, de 80 a 250 dólares; las reservas, de 35.000 millones a 250.000 millones de dólares, con un índice de desempleo más bajo desde entonces que no llega a siete por ciento”, enfatizó el cientista social.

Este crecimiento de la economía "permitió a 30 millones de personas saltar de las clases pobres a medias, y a otros 10 millones les permitió salir de la extrema pobreza de las favelas”, lo que en conjunto resulta muy representativo frente a hechos institucionalmente graves pero que no repercuten en el grueso del electorado.

Ante ese panorama, la radicalización que el equipo de Serra pretende imponerle a su campaña está "destinada a fracasar” de la mano de la falta de un modelo alternativo de política económica y que, por el contrario, se presenta como una continuidad de las líneas trazadas por los ocho años de gobierno del presidente Luiz Lula da Silva.

El esfuerzo de Serra está puesto, entonces, en marcar diferencias en los aspectos institucionales devenidos del nuevo escándalo y así lo resaltó anoche, cuando dijo que "el presidente debería representar a toda la Nación y no apenas a una tendencia partidaria”.

En ese contexto reiteró que la investigación a su hija Verónica busca perjudicarlos a él y a su candidatura, al recordar el episodio de "los aloprados” -alocados, según una traducción más aproximada-, cuando un grupo de petistas intentó supuestamente comprar documentos que comprometieran su candidatura al gobierno del estado San Pablo en 2006.

En la misma dirección de análisis, el cientista político y especialista en marketing electoral Gaudencio Torquato opinó que "el resultado de la campaña es muy previsible”, ya que, a su juicio, está influido por tres factores.

"El primero es una economía que satisface el hambre en el estómago; el segundo, el mayor influenciador de toda la historia brasileña, que es el liderazgo de Lula, y el tercer factor, la propia candidata, que supo aprovechar con su personalidad y su visión de Brasil la aprobación de 80 por ciento” de popularidad con el que el presidente está terminando sus ocho años de mandato.

"En el caso brasileño, la economía y Lula evidentemente transfirieron su peso a la campaña de Dilma”, dijo Torcuato a Télam, y definió como "el producto bruto de la felicidad" a "la amalgama de dinero en los bolsillos, estómagos llenos, auto nuevo en la puerta de la casa y esas imágenes que disfrutaron casi todas las clases sociales en el país”.

"Una población muy grande, muy fuerte, que está satisfecha con el gobierno va a votar masivamente a la candidata Rousseff, y eso va a significar su victoria en la primera vuelta; es muy difícil a esta altura, con un mes de campaña, que Serra logre remontar esa diferencia de más de 20 puntos”, sentenció.

Según la última encuesta de Datafolha, difundida ayer, la ex ministra tiene una intención de voto de 50 por ciento frente a 28 de Serra y el estable 10 por ciento de Marina Silva, del Partido Verde, mientras el relevamiento de Ibope difundido el viernes plantea un panorama de 51 a 27 a favor de quien podría convertirse en la primera presidenta del país.
 

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